"Robledal" Ciudad de Bestias.
I
No más mitos
I
No más mitos
Verme a pies de una mecedora, cogiéndome las rodillas, con una mirada infinita y a la vez silenciosa, en aquel hombre que con voz calmada, me contaba historias, que si bien hoy son mitos descabellados, antes quizás eran realidad.
Él era inteligente, aunque por más extraño que pareciera, escuchar sus cuentos ancestrales me calmaba y simplemente esa violencia, que ante cualquier joda hacia mí reaccionaba sin control, ahora simplemente no existía. Habrá sido gracias a sus cuentos asombrosos o irreales que me sentía más unido a él, pero igual seguía siendo grande, y todo eso aún lo recuerdo. No importaba donde estuviera, esas historias me marcaron y forman parte de lo que hoy soy.
“¡No otra vez!”- pensaba, mientras lo veía y miraba a nuestros acompañantes.
El paró la historia y la dio por terminada, debido a que los otros se iban. Tuve que decir adiós a Milu, Marissa y a Jordy, mis primos ya se iban, ya era tarde, pero ninguna historia podía esperar, a demás no era necesario de sus presencias. Yo fui el único que se quedó cerca de la mecedora, atento, más que antes, sin los rumores de Jordy y sus interrupciones de cada 2 minutos. Por otro lado Milu, bostezaba y mientras que, Marissa…, bueno ella era caso aparte, centrada en su mundo, como si nada le pareciera real, se mezclaba como los susurros o sonidos diminutos de la vida, no molestaba y parecía que tampoco existía; a veces pensaba que ella formaba parte de la naturaleza, del entorno y que toda su inocencia nunca se perdería.
Pero ahora ya se iban los trillizos, mis primos queridos, mis contemporáneos. Sus voces se escuchaban a lo lejos del pasillo que conectaba el hall; y Frida, la ama de llaves de la casa, se los llevaba a comer mazamorra antes que Christopher, sus padre, se los llevase devuelta su casa.
Volví completamente al hall, ya que mi mente vagaba por las voces de los niños, cuando me concentré en el lugar, sólo estábamos los dos; él me miraba fijamente de nuevo. Y yo marque mis ojos hacia él, como tratando de entregárselos, el se dio cuenta y rompió el silencio:
-Bueno, creo que es el momento perfecto para contarte esta historia.- ¿momento perfecto?, se preguntaba mi mente, sólo lo seguí escuchando-Sé que aun eres joven, pero sé que serás grande, y tu mirada no me miente- otra ves mi mente lidiaba, era mucho para un niño, cabía reconocer.
-Entonces quieres que te cuente- yo sólo asentí como siempre, mientras que él raspaba la garganta, como una tosecilla mientras que se preparaba para soltar todas aquellas palabras coloridas que describían una nueva aventura. Lo vi ponerse erguido, aunque su edad no le permitía del todo, otra tosecilla mas y su voz profunda se escucho de nuevo en todo el hall.
-Hace ya 80 años atrás, cuando era un niño como tú, yo andaba de amigo con un joven aventurero, si bien, era mayor y era el héroe de estas tierras, pero quien lo conoce mejor que yo, al inigualable, W. Lastarria. Yo era el favorito de sus hazañas, era la razón por la que el batallaba ya que era como su hijo; mientras que mi padre andaba ebrio por los bares recién abiertos, como el de doña Juana, que en paz descanse, mientras tanto yo aprovechaba en visitar a Willy y exigirle que me contase sus historias, una de ellas me acuerdo que era de como el descubrió unas tierras que antes eran dominadas por los hijos del ave; y como no le iba a creer si ese joven era mi ídolo”- decía con voz ronca, pausada, y ya cansada, pero era esa voz que me hacía quedar quieto y seguía mirándolo. Volvió a toser y yo maravillado y atento lo seguía. -“Pues este, mi amigo, un día iba caminando por las trochas del oeste, aquellas que ahora andan rodeadas de grandes pinos; antes eran sólo unas semillas que recién brotaban, bueno como te decía, el era valiente y eso que casi muere ese día, pero mientras caminaba, la luna ya estaba sobre él, era luna llena, así que no le preocupó la oscuridad y el seguía caminando rumbo al bar de doña Juana a juzgar a mi padre por dejarme solo, creo que todo eso se le olvidó después de lo ocurrido- Su voz se notaba preocupada y pausó para recordad y continuó.- Bueno mi amigo se encontraba a la altura del litoral de robles ,cuando este divisó una luz brillante y ardiente, era de colores rojos y amarillos, aunque también con unas chispas verdes; claro cabe resaltar que Willy no sería valiente si también no fuera un poco torpe o tarado, por así decirlo, así que no se quedó parado; divisó en el suelo, entonces cogió una rama y se puso en ataque avanzando a la luz, me dijo que temblaba de miedo, pero cuando iba a golpearlo, piso unas ramas de chirimoya que habían en el suelo, logrando que el ruido lo delatara y reaccionó, fijándose en lo que tenia al frente. No era una simple lucecilla del monte, mas bien, tenia una figura esbelta, pero ardía en llamas, resulta que este ser, era una calavera brillante, Hoy en día conocida en esas tierras como el “Achikyaq-uiqu”, la luz del monte.
“Entonces esta volteó, lo atacó y puesto que era tan ardiente, las vestiduras de mi amigo empezaron a arder y de la nada un hedor intenso cubrió la zona; mi amigo no dijo palabra alguna mas no tuvo otra opción de lanzarse a la hierba fresca, y menos mal que andaba húmeda por el sereno de la noche, porque si no, pobre de mi amigo que hubiese sido de él. Cuando Willy volteó, el hedor disminuía mientras que la luz brillante se perdió en el monte. El trató de seguir al extraño ser, primera ves visto por los pobladores, aunque luego ya se hayan visto más seguido. Después d esa noche, a mi amigo no le dejaron de temblar sus manos fue cuando tanta la gravedad que la gente empezó a especular el porqué se fue y no mató a Willy de una ves, así ya no aguantaban a este hombre sin familia. No se supo del ser en largos meses; algunos dijeron que no le gusta ser visto, pero bueno nada era seguro. Más adelante yo ya lo comprobaría, pero esa es otra historia; así que el joven Willy Lastarria quedó perplejo después de ese día. En fin, cuando mi amigo me contó su hazaña yo me quedé boca abierta pero él tenía los ojos rojos y sufridos como si aquel encuentro no hubiese sido un juego, se le notaban las manos temblorosas y su voz entre cortada, no recuerdo muy bien lo que me dijo pero, en concepto el quería que no me aleje de mi casa y que el estaría para cuidarme, fue ahí cuando subí la mirada a ver su expresión, esta era seria y como diciéndome un reproche, yo pensaba que Willy nunca había visto algo así en toda su vida, o que se yo, al poco tiempo de su encuentro, mi joven amigo falleció, entonces, más fueron las razones para prohibir a la gente acercarse por esos bosques.”
Cuando terminó el relato, su voz se apagó, no sé porqué me lo contó, mas ahora que lo pienso que esa era nuestra conexión.
Él seguía, tan brillante como siempre, pero su salud ya no estaba del todo bien. Me daba cuenta que el caía en leves temblores, y creía que su cuerpo ya no iba a aguantar, la tosecilla ya no era un simple garraspeo, se escuchaba aquel sonido molesto de la tos y aparte mostraba ciertos balanceos al caminar; sabía que él ya no aguantaría un día más pero el seguía con aquella voz que aun conservo en mis recuerdos. Trataba de salir de ese análisis tan rápido que lo hacía en cada visita y mi mente fluía en sus relatos. Me quedaba a pensar que tal ves sus historias eran algo más, “aunque sólo mitos “diga la gente moderna y que más da que no le crean, yo siempre fui su fan. Puse mi mente en blanco y empezaba a verlo con los mismos ojos que pedían otra historia. El reía y acotaba al ver mis ojos.-“Ya te conté la historia de mi amigo Willy ¿verdad?”-, yo asentía con mi cabeza y el buscaba en su memoria otra historia que contar.-Ya veo, todo me falla, en fin, pues espero que estés listo para esta- pausó y me vio riéndose.-no cierres la boca que se te ve bien así, me gusta que te asombres, jeje”- reía, y yo ni cuenta de cómo estaba presente ante la siguiente historia, me puse erguido y el siguió-“Bueno, prosigo mejor que ya es tarde”- en efecto eran las 7 de la noche y sólo me quedaban dos horas con él, ya que todo niño se dormía a las 9 en el pueblo, creo que ya era una ciudad, de no ser por tantos robles y árboles de Caoba en todo los alrededores, si contar a los pinos. Siguió contando-“Mira el techo de esta casa, la cual compré cuando me casé, pues cuando mis hijos crecieron todo se llenaba de un alboroto inmenso, y creímos que eso iba a durar para siempre, tus tíos mayores se fueron a estudiar y me quedé con la hija mas hacendosa y aparte aun iba al colegio, así que aun no era su tiempo de salir de aquí, esa hija, era tu madre”- ¿mi madre? Decía dentro de mí, ya que nunca la vi tan “hacendosa” o es que quizás ya no quería serlo y prefería pagar a alguien para arreglar la casa, mi mente ya había volado y volví hacia él, lo seguí escuchando-“pues como te decía ella aun iba al colegio y aparte cuidaba a sus hermanitas pequeñas cuando me iba a Santa Rosa. Un día me vino con una historia , que ni tu abuela lee creía, pero a mi se me daba bien escucharla, resulta que de tanto dejarla sola , un día me comentó que había ruidos en este mismo techo y no es de asustarte pero esos ruidos no eran de gato, ni de ratón, ni mucho menos de algún tejón ó zorro que se haya trepado allá; al contrario era mas bien algo ilógico ya que cuando subía no habían rastros de golpes o alguien que hiciera los ruidos. Pero una vez ya no eran sólo ruidos, mas bien toda una temporada, cuando los muchachos andaban de vacaciones, estos ruidos tan fuertes sonaban como piedras en el río y como si el agua de una catarata cayera en el techo, por suerte no era agua, pero si piedras; aunque no me creas eran piedras blancas, limpias y recién sacadas del agua que caían del techo, algunas venían con “sorrapa” todo verdes y pegajosas, pero estas piedras eran lisas , sin embargo, nadie supo de donde exactamente caían, los niños decían que era un duendecillo que tiraba las piedras, pero más que eso en realidad eran los robles quienes querían avisar de cuanto daño venía ocurriendo en los bosques, por ese tiempo, había un curita muy amigo de tu madre y ella le convenció de que venga a ver el techo que cosa era; ¡ay! Que risa, el pobre cura dejó un montón de sortilegios, entre cruces, rosarios, estampas y todas esas acabaron en el silo del vecino, y nadie supo como, las sospechas del duendecillo se hicieron cada día más grande. Vino otra vez el curita a tratar de exorcizar a dicha almita según él, pero te digo que nada de eso pasó, el curita se dio por vencido y el duende también ya que después de mi último viaje a Santa Rosa, ya no supe de este caso. Pero tu madre se veía algo extraña cuando volví, entonces decidí preguntarle a las ánimas…”- ¿Animas?, pensé, y creo que notó mi cara de extrañes total ante esa frase, a lo que él acotó-“Bueno veras las animas son las almas, pero estas tienen algo en particular, se pueden comunicar conmigo, principalmente cuando tomo vegetal, ya que no como sal, y me quedo solo en Santa Rosa, es ahí donde las ánimas me visitan y me contaron que tu madre andaba extraña, nunca me dijeron el por qué ya que sólo avisan sucesos pero decidí volver a verla, pero todo estaba normal; pero cuando llegué mas a asustarme era cuando tu madre votaba espuma de la boca, pero no era blanca, tenía ciertas especies verdes, como hojas, un brujo , uno de los pocos que quedaba, curó a tu madre, aunque no crea en eso, tuve que desistir, ya que los médicos no se encargaban de casos paranormales según ellos, y es que en ese tiempo todo era extraño. Bueno tu madre salió bien de todo pero no estoy muy seguro, como te dije no confío mucho en esos brujos y ahora son casos extraños ya que fueron muertos en el calabozo, espero que la vieja de Graciela te cuente más de eso, y quiero que la bombardees de eso, debes estar bien preparado de conocimiento, y debes saber todo de donde vienes”- me quedé perplejo, mi cara gorda de niño estaba rosada y mi mirada más inmóvil, una mezcla de miedo y curiosidad, reflejaban mis ojos; creo que él notó toda esa energía rosada que revoloteaba en el aire, así llamaba ese sentimiento, por lo que acotó tratando de cambiar el tema -“ En realidad no me hagas caso del todo ya ando viejo y sabes cuida a tu madre, ya es demasiado tarde y lo mejor sería que te vayas a tu casa, tu padre debe andar con tu tío Miguel , será mejor que lo llame y no te muevas”-Su cara ya no estaba como antes, tan tranquilo, ahora se le notaba inquieto, preocupado, tenía cierta sensación gélida, como el decía, como si la muerte lo llamara. A poco tiempo de irse vino mi padre, tan alegre como siempre, mostraba, sus dientes tan blancos y frescos que eran complemento de su alegría, en su mano traía el casco de la moto y al darme cuenta que ya no iban a haber mas historias por hoy, me apresuré en coger el mío que lo había dejado en el suelo, me despedí de Frida y le dije que otro día con mucho gusto comía mi mazamorra. Mientras tanto notaba un intercambio de palabras fugaces entre mi abuelo y mi padre, tomé su mano y le hice seña a la moto, el me la apretó y asintiendo noté que nos subimos en la moto que era enorme y yo de miedo a caerme en las pedregadas calles, así que simplemente me aferraba a mi padre lo mucho que podía y el manejaba como un rayo por una calle paralela a la calle central, y mientras la moto avanzaba yo miraba en los alrededores de la calle, algún rastro de algún ser, de una lamparilla o quizás de algún duende, pero nada ocurrió, sólo veía los robles cuan altos y frondosos y el cielo estrellado, propio de la zona, no como el futuro cielo que luego vería. En mi mente sólo estaban las historias de mi abuelo, la historia de mi madre y quizás cuanta información abría en tan pequeño pueblo ya futura ciudad y quizás cuantas bestias, así llamaba a las anormalidades que pasaba, habrían en este mundo, y no importaba cuanta tecnología, planes u proyectos del gobierno acerca de la mejoría de la zona llegaran al pueblo, este aún mantenía su cultura, su gente y como esta cambia en tan poco tiempo. Mientras mi padre avanzaba el sereno caía en mis pestañas y me gustaba verlas brillar, ya que parecían lagrimas de las noches, las cuales visitaba a mi abuelo y terminaba con un paseo en motocicleta con mi padre, y en casa mi hermano con mi madre viendo la tv mientras que Graciela, dormía plenamente y toda mi casa, incluido el pequeño pino, permanecía en una paz intensa, y me sentía protegido, por mi padre y por aquellos robles grandes que se veían desde cualquier punto del pueblo.
Los días siguientes eran cortos, tal vez así lo era para mí, y es que un niño que no jugaba y sólo la pasaba tras historias, por lo tanto, me perdía el sol, el aire fresco, aquellas visitas de los amigos, paseos por bajadas pedregosas con verde pasto al costado y que usualmente terminaban en quebradas lodosas, en la cual todos los niños se embarraban, para luego dar afán a sus madres. Definitivamente yo era un cero a la izquierda con ese mundo, creo que mi hermano encajaba perfectamente en aquel; él era delgado, veloz, usualmente molestoso, conmigo más que todo, juguetón al más del 100 por ciento y no era de dudar que sus amigos eran como este, todos igual, no perdían el tiempo; siempre había una excusa para hacer de las suyas, quizás cazar mariposas, un paseo en bicicleta a orillas del río. Por lo general los amigos de mi hermano eran de todas las clases encontrabas en el Pueblo-Ciudad, y creo que eso no tenía nada que ver conmigo; pero no necesariamente por se un creidito de alta sociedad, si no, que estaba destinado a un hado sin amigos, y claro ni siquiera los quería cerca.
-¿Por qué no sales con Richard, o Juanca, que acaso no te caen?- decía mi padre frecuentemente. Yo cerraba el diálogo; ser un niño extravagantemente raro y que sólo andaba con su padre, era lo más extraño del pueblo.
Aquella noche salimos como dos depredadores, así nos hacíamos llamar mi padre y yo, él; delgado de gran musculatura, ojos negros ó cafés, nunca los pude diferenciar, mirada fija como la serpiente y siempre con una sonrisa blanca y fresca que inspiraba confianza, su piel tenía cierta tonalidad trigueña, y de cabello corto, negro con ondas, todo un salvaje al manejar la motocicleta, llevaba el casco con él y yo el mío. – Estás listo para despegar.- susurró – ¿A dónde iremos hoy?- dije ese día y lo decía siempre. –Sólo abre los ojos- Y era obvio que no los iba a cerrar. Mi padre arrancó la moto y esta salía lentamente por las rejas negras de mi casa, digo lentamente porque mi madre se enfurecía cada vez que nos veía salir por lo que nos escabullíamos en la oscuridad. El velocímetro subió a 120 km/h, señal de que la aventura empezaba. La moto se metía por las bajadas pedregosas, era más emocionante viajar con mi padre en la KTM negra que con los niños en las bicis; - ¿Estás cómodo?- Preguntó con su sonrisa fresca indiscutible, yo solo asentí-Pues agárrate fuerte que pasamos cerca del robledal- esta vez, vi en su rostro aquella sensación de adrenalina y se le notaba esa emoción de un muchacho de 20 quizás y como no si su fenotipo así lo aparentaba.- Tengo hambre- dije mientras la moto andaba a toda velocidad por aquellas calles desiertas, el me miró y cambió de ruta.-Creo que los robles pueden esperar- dijo y su entusiasmo se perdió. No nos detuvimos nunca, pero si bajó la velocidad, en busca de algún centro de comida al paso. No encontramos nada- No te preocupes ya será en la casa, además no tenía tanta hambre- el vaciló y mi estómago me delató.- Creo que será mejor que volvamos lo mas pronto posible, y espero que cuando lleguemos me devores todo salvaje, y así tener mas fuerzas para mañana, Ok- me quedé callado, me intimidaba cuando hablaba, es que era mi padre. En el transcurso a casa no hubo palabras, ni risas, sólo era mi padre manejando con cuidado y yo sujetándome tratando de no caerme. En el camino a casa recordé como llegó la moto a casa- Mi padre andaba de viaje de negocios, asuntos del banco, al regresar, este nos dijo que traería una sorpresa para su cumpleaños, la moto la traían bien empaquetada y cuya llegada sería el cumpleaños de mi padre. Su color era negro con plateado y fácil de perderse en la noche de no ser por sus faroles potentes, me imaginaba que las luces eran quizás lamparillas para algunos indios ignorantes de la tecnología, o quizás eran luciérnagas para aquellos hombres que vivían cerca del bosque, lugar favorito para manejar, aunque aún no nos habíamos dirigido al robledal y claro si no lo estropeaba yo, era mi madre o mi abuelita Graciela quien interrumpía a mi padre y este muy caballeroso, atendía las peticiones de todos, pero cuando la adrenalina lo dominaba, acababa enfureciendo a mi madre, o si era porque exponía mi débil cuerpo de niño , ante terribles situaciones extremas o porque la moto terminaba una asco, por consecuente la casa, y mi madre limpiaba. La siguiente semana de vacaciones, mi padre me sacaba todas las noches, éramos “mentes criminales” de la noche, a veces pensaba que quizás él era un adicto a la ciencia ficción, pero no era así, el era adicto de la adrenalina y de cuanto riesgo se exponía. La primera noche me llevó por los ríos, creo que ahí fue cuando empecé a notar ciertos cambios del ambiente, las brisas estaban un poco más frías de lo normal, era verano y se suponía que todo quemaba, y mi padre decidió desacelerar la moto para no sentir tanto frío, el río estaba mas callado de lo habitual, ya que siempre se escucha algunos animales en la orilla, o las mismas corrientes que movilizaban los troncos de cuanto árbol que caía, pero esta vez el simple silencio me consumía. Mi padre lo notó y yo lo noté- Que raro, debe ser el cambio de estación- dijo de manera de responder alguna pregunta que yo estaba apunto de soltar, el avanzó y llegamos a casa temprano de lo habitual y la causante fue la brisa. Aquella noche todos los de la casase sorprendieron de nuestra temprana aparición; eran recién las 9 de la noche, ni siquiera una hora afuera. Mi padre serio y preocupado, entró a su habitación, allí estaba ella misteriosa y callada ,sentada en la cama viéndonos llegar, era mi madre quien se apresuró a abrazarlo y cogiéndolo del cuello, como una pareja de jóvenes enamorados, él dispuso a querer contarle algo, pensé que no era lo de recién, ya que no era importante. Yo me asomaba a la puerta y esta se cerró; mientras tanto mi hermano vio el reloj, no dijo palabra alguna e hizo una mueca de vacilación y sus ojos se posaron en mí, como pidiéndome respuestas o qué había pasado-¿Por qué tan temprano?- me miró con amargura. – Ah… hacía mucho frío en el río, así que papá me trajo- me miró con cara incrédula- Bueno, son las 9, toma tu leche y vete a tu cama- yo hice una mueca de protesta, el continuó- ¡Ahora!-No comprendía aquel cambio tan rotundo de emociones. Al ver que no me movía, tiró de mi brazo, nos aproximamos a la cocina, yo callaba, además era él quien dominaba.- Tú no eres papá ni mamá, suéltame- el se rió y susurrando dijo- Pero si el mayor- yo callé, la leche estaba helada y medio desabrida, igual la tomé, en ese momento tenía miedo y me parecía raro lo que hacían mis padres ya que no salían de su habitación. Apresuré en beber y mi hermano con una mirada fría señaló mi habitación, a las justas entré y el me cerró la puerta en la cara y apagó las luces.- Ya duerme – escuché que dijo, seguro se dio cuenta que lo espiaba de la ventana pequeña, que yo creía que era error de construcción. No tenía otra opción, me tiré en mi cama y boté los juguetes que había dejado encima de esta y me quedé dormido mirando el techo.
11:00 a.m, decía el reloj en forma de gato, me acababa de levantar y tenía unas gruesas lagañas, creo que antes de dormir había llorado de amargura o rabia, por lo mal que me trato mi hermano, salí con cautela y note que no había nadie; me sentía tan feliz que no estuviera mi hermano, aunque se suponía que debía de cuidarme pero no fue así, de seguro andaba con sus amigos
Mi desayuno fue leche y uvas, algo ligero, era lo que siempre comía, corrí donde mi abuelo a escuchar mas historias, su casa quedaba apenas dos cuadras de la mía y me apresuré.
Esta vez, la atmósfera no era la misma, el color se volvía cada vez mas oscuro, un morado casi negro.
-Ve a la cocina y pide a Frida que te de algo de comer- sus palabras eran frías y no me miraba, mi abuelo si que estaba raro. Me limite a pensar de cómo sabia que no había comido bien, solo asentí y me fui a la cocina.
Frida, era un ángel conmigo, en verdad con todos los nietos, pero bueno ella estaba ahí. Frida ya había escuchado la orden de mi abuelo, no decía nada, solo reía, mientras preparaba una rica compota de fruta, y su rostro me recordaba todas aquellas veces que me quedaba dormido en su brazo, desde ahí dormirme en los brazos se me volvió una costumbre. En un abrir y cerrar de ojos la rica compota de plátano estaba listo.
-Espero que te guste, ah, ten cuidado con la canela- dijo mientras se iba sonriente a realizar más quehaceres. Yo sólo asentí con la cabeza.
Me dirigí de nuevo donde mi abuelo, tenia la mirada puesta en la calle y corrí a mi lugar favorito. La atmósfera no había cambiado todo seguía morado.
-¿Que tal el paseo de ayer? Frío ¿no?- dijo fríamente. Pero como demonios sabia el que ayer el río estaba frió si el no salía de su casa por la noche. –Un poco pero mi papá hizo que regresemos lo mas rápido posible- dije mirándolo atento. –La misma reacción… nada original, como siempre tu padre, único- su voz ya no era fría, era mas calmada pero se sentía la atmósfera morada, algo iba pasar, lo tenia por seguro.- por eso lo escogió tu madre, luchó mucho y ahora todo parece volver, aunque creo que ella no lo recuerda- él seguía hablando con la misma voz y yo resistía ante todas las preguntas que tenía, pero sabía que el vaso iba a rebalsar. Una breve pausa, el vaciló y el punto cardiaco iba aproximándose; frunció el ceño y soltó lo que me esperaba-Por tu bien…-su pausa era triste-No mas historias, lo siento, será mejor que te marches, ya que… no habrán mas historias ¡niño!- esta última frase sonó con tanta rabia y yo solo me corrí en dirección opuesta a la calle, adentrándome mas en la casa, el pasillo se me hizo cada ves mas oscuro y largo, pero yo andaba en busca del regazo de Frida, debí suponer que se estaría en el patio central y cuando ella me vio, me consoló, mis ojos no aguantaban el llanto, ante aquel rechazo, que era lo único que me satisfacía , no aguanté mas y me quedé dormido, como de costumbre, en sus cálidos brazos.
Él era inteligente, aunque por más extraño que pareciera, escuchar sus cuentos ancestrales me calmaba y simplemente esa violencia, que ante cualquier joda hacia mí reaccionaba sin control, ahora simplemente no existía. Habrá sido gracias a sus cuentos asombrosos o irreales que me sentía más unido a él, pero igual seguía siendo grande, y todo eso aún lo recuerdo. No importaba donde estuviera, esas historias me marcaron y forman parte de lo que hoy soy.
“¡No otra vez!”- pensaba, mientras lo veía y miraba a nuestros acompañantes.
El paró la historia y la dio por terminada, debido a que los otros se iban. Tuve que decir adiós a Milu, Marissa y a Jordy, mis primos ya se iban, ya era tarde, pero ninguna historia podía esperar, a demás no era necesario de sus presencias. Yo fui el único que se quedó cerca de la mecedora, atento, más que antes, sin los rumores de Jordy y sus interrupciones de cada 2 minutos. Por otro lado Milu, bostezaba y mientras que, Marissa…, bueno ella era caso aparte, centrada en su mundo, como si nada le pareciera real, se mezclaba como los susurros o sonidos diminutos de la vida, no molestaba y parecía que tampoco existía; a veces pensaba que ella formaba parte de la naturaleza, del entorno y que toda su inocencia nunca se perdería.
Pero ahora ya se iban los trillizos, mis primos queridos, mis contemporáneos. Sus voces se escuchaban a lo lejos del pasillo que conectaba el hall; y Frida, la ama de llaves de la casa, se los llevaba a comer mazamorra antes que Christopher, sus padre, se los llevase devuelta su casa.
Volví completamente al hall, ya que mi mente vagaba por las voces de los niños, cuando me concentré en el lugar, sólo estábamos los dos; él me miraba fijamente de nuevo. Y yo marque mis ojos hacia él, como tratando de entregárselos, el se dio cuenta y rompió el silencio:
-Bueno, creo que es el momento perfecto para contarte esta historia.- ¿momento perfecto?, se preguntaba mi mente, sólo lo seguí escuchando-Sé que aun eres joven, pero sé que serás grande, y tu mirada no me miente- otra ves mi mente lidiaba, era mucho para un niño, cabía reconocer.
-Entonces quieres que te cuente- yo sólo asentí como siempre, mientras que él raspaba la garganta, como una tosecilla mientras que se preparaba para soltar todas aquellas palabras coloridas que describían una nueva aventura. Lo vi ponerse erguido, aunque su edad no le permitía del todo, otra tosecilla mas y su voz profunda se escucho de nuevo en todo el hall.
-Hace ya 80 años atrás, cuando era un niño como tú, yo andaba de amigo con un joven aventurero, si bien, era mayor y era el héroe de estas tierras, pero quien lo conoce mejor que yo, al inigualable, W. Lastarria. Yo era el favorito de sus hazañas, era la razón por la que el batallaba ya que era como su hijo; mientras que mi padre andaba ebrio por los bares recién abiertos, como el de doña Juana, que en paz descanse, mientras tanto yo aprovechaba en visitar a Willy y exigirle que me contase sus historias, una de ellas me acuerdo que era de como el descubrió unas tierras que antes eran dominadas por los hijos del ave; y como no le iba a creer si ese joven era mi ídolo”- decía con voz ronca, pausada, y ya cansada, pero era esa voz que me hacía quedar quieto y seguía mirándolo. Volvió a toser y yo maravillado y atento lo seguía. -“Pues este, mi amigo, un día iba caminando por las trochas del oeste, aquellas que ahora andan rodeadas de grandes pinos; antes eran sólo unas semillas que recién brotaban, bueno como te decía, el era valiente y eso que casi muere ese día, pero mientras caminaba, la luna ya estaba sobre él, era luna llena, así que no le preocupó la oscuridad y el seguía caminando rumbo al bar de doña Juana a juzgar a mi padre por dejarme solo, creo que todo eso se le olvidó después de lo ocurrido- Su voz se notaba preocupada y pausó para recordad y continuó.- Bueno mi amigo se encontraba a la altura del litoral de robles ,cuando este divisó una luz brillante y ardiente, era de colores rojos y amarillos, aunque también con unas chispas verdes; claro cabe resaltar que Willy no sería valiente si también no fuera un poco torpe o tarado, por así decirlo, así que no se quedó parado; divisó en el suelo, entonces cogió una rama y se puso en ataque avanzando a la luz, me dijo que temblaba de miedo, pero cuando iba a golpearlo, piso unas ramas de chirimoya que habían en el suelo, logrando que el ruido lo delatara y reaccionó, fijándose en lo que tenia al frente. No era una simple lucecilla del monte, mas bien, tenia una figura esbelta, pero ardía en llamas, resulta que este ser, era una calavera brillante, Hoy en día conocida en esas tierras como el “Achikyaq-uiqu”, la luz del monte.
“Entonces esta volteó, lo atacó y puesto que era tan ardiente, las vestiduras de mi amigo empezaron a arder y de la nada un hedor intenso cubrió la zona; mi amigo no dijo palabra alguna mas no tuvo otra opción de lanzarse a la hierba fresca, y menos mal que andaba húmeda por el sereno de la noche, porque si no, pobre de mi amigo que hubiese sido de él. Cuando Willy volteó, el hedor disminuía mientras que la luz brillante se perdió en el monte. El trató de seguir al extraño ser, primera ves visto por los pobladores, aunque luego ya se hayan visto más seguido. Después d esa noche, a mi amigo no le dejaron de temblar sus manos fue cuando tanta la gravedad que la gente empezó a especular el porqué se fue y no mató a Willy de una ves, así ya no aguantaban a este hombre sin familia. No se supo del ser en largos meses; algunos dijeron que no le gusta ser visto, pero bueno nada era seguro. Más adelante yo ya lo comprobaría, pero esa es otra historia; así que el joven Willy Lastarria quedó perplejo después de ese día. En fin, cuando mi amigo me contó su hazaña yo me quedé boca abierta pero él tenía los ojos rojos y sufridos como si aquel encuentro no hubiese sido un juego, se le notaban las manos temblorosas y su voz entre cortada, no recuerdo muy bien lo que me dijo pero, en concepto el quería que no me aleje de mi casa y que el estaría para cuidarme, fue ahí cuando subí la mirada a ver su expresión, esta era seria y como diciéndome un reproche, yo pensaba que Willy nunca había visto algo así en toda su vida, o que se yo, al poco tiempo de su encuentro, mi joven amigo falleció, entonces, más fueron las razones para prohibir a la gente acercarse por esos bosques.”
Cuando terminó el relato, su voz se apagó, no sé porqué me lo contó, mas ahora que lo pienso que esa era nuestra conexión.
Él seguía, tan brillante como siempre, pero su salud ya no estaba del todo bien. Me daba cuenta que el caía en leves temblores, y creía que su cuerpo ya no iba a aguantar, la tosecilla ya no era un simple garraspeo, se escuchaba aquel sonido molesto de la tos y aparte mostraba ciertos balanceos al caminar; sabía que él ya no aguantaría un día más pero el seguía con aquella voz que aun conservo en mis recuerdos. Trataba de salir de ese análisis tan rápido que lo hacía en cada visita y mi mente fluía en sus relatos. Me quedaba a pensar que tal ves sus historias eran algo más, “aunque sólo mitos “diga la gente moderna y que más da que no le crean, yo siempre fui su fan. Puse mi mente en blanco y empezaba a verlo con los mismos ojos que pedían otra historia. El reía y acotaba al ver mis ojos.-“Ya te conté la historia de mi amigo Willy ¿verdad?”-, yo asentía con mi cabeza y el buscaba en su memoria otra historia que contar.-Ya veo, todo me falla, en fin, pues espero que estés listo para esta- pausó y me vio riéndose.-no cierres la boca que se te ve bien así, me gusta que te asombres, jeje”- reía, y yo ni cuenta de cómo estaba presente ante la siguiente historia, me puse erguido y el siguió-“Bueno, prosigo mejor que ya es tarde”- en efecto eran las 7 de la noche y sólo me quedaban dos horas con él, ya que todo niño se dormía a las 9 en el pueblo, creo que ya era una ciudad, de no ser por tantos robles y árboles de Caoba en todo los alrededores, si contar a los pinos. Siguió contando-“Mira el techo de esta casa, la cual compré cuando me casé, pues cuando mis hijos crecieron todo se llenaba de un alboroto inmenso, y creímos que eso iba a durar para siempre, tus tíos mayores se fueron a estudiar y me quedé con la hija mas hacendosa y aparte aun iba al colegio, así que aun no era su tiempo de salir de aquí, esa hija, era tu madre”- ¿mi madre? Decía dentro de mí, ya que nunca la vi tan “hacendosa” o es que quizás ya no quería serlo y prefería pagar a alguien para arreglar la casa, mi mente ya había volado y volví hacia él, lo seguí escuchando-“pues como te decía ella aun iba al colegio y aparte cuidaba a sus hermanitas pequeñas cuando me iba a Santa Rosa. Un día me vino con una historia , que ni tu abuela lee creía, pero a mi se me daba bien escucharla, resulta que de tanto dejarla sola , un día me comentó que había ruidos en este mismo techo y no es de asustarte pero esos ruidos no eran de gato, ni de ratón, ni mucho menos de algún tejón ó zorro que se haya trepado allá; al contrario era mas bien algo ilógico ya que cuando subía no habían rastros de golpes o alguien que hiciera los ruidos. Pero una vez ya no eran sólo ruidos, mas bien toda una temporada, cuando los muchachos andaban de vacaciones, estos ruidos tan fuertes sonaban como piedras en el río y como si el agua de una catarata cayera en el techo, por suerte no era agua, pero si piedras; aunque no me creas eran piedras blancas, limpias y recién sacadas del agua que caían del techo, algunas venían con “sorrapa” todo verdes y pegajosas, pero estas piedras eran lisas , sin embargo, nadie supo de donde exactamente caían, los niños decían que era un duendecillo que tiraba las piedras, pero más que eso en realidad eran los robles quienes querían avisar de cuanto daño venía ocurriendo en los bosques, por ese tiempo, había un curita muy amigo de tu madre y ella le convenció de que venga a ver el techo que cosa era; ¡ay! Que risa, el pobre cura dejó un montón de sortilegios, entre cruces, rosarios, estampas y todas esas acabaron en el silo del vecino, y nadie supo como, las sospechas del duendecillo se hicieron cada día más grande. Vino otra vez el curita a tratar de exorcizar a dicha almita según él, pero te digo que nada de eso pasó, el curita se dio por vencido y el duende también ya que después de mi último viaje a Santa Rosa, ya no supe de este caso. Pero tu madre se veía algo extraña cuando volví, entonces decidí preguntarle a las ánimas…”- ¿Animas?, pensé, y creo que notó mi cara de extrañes total ante esa frase, a lo que él acotó-“Bueno veras las animas son las almas, pero estas tienen algo en particular, se pueden comunicar conmigo, principalmente cuando tomo vegetal, ya que no como sal, y me quedo solo en Santa Rosa, es ahí donde las ánimas me visitan y me contaron que tu madre andaba extraña, nunca me dijeron el por qué ya que sólo avisan sucesos pero decidí volver a verla, pero todo estaba normal; pero cuando llegué mas a asustarme era cuando tu madre votaba espuma de la boca, pero no era blanca, tenía ciertas especies verdes, como hojas, un brujo , uno de los pocos que quedaba, curó a tu madre, aunque no crea en eso, tuve que desistir, ya que los médicos no se encargaban de casos paranormales según ellos, y es que en ese tiempo todo era extraño. Bueno tu madre salió bien de todo pero no estoy muy seguro, como te dije no confío mucho en esos brujos y ahora son casos extraños ya que fueron muertos en el calabozo, espero que la vieja de Graciela te cuente más de eso, y quiero que la bombardees de eso, debes estar bien preparado de conocimiento, y debes saber todo de donde vienes”- me quedé perplejo, mi cara gorda de niño estaba rosada y mi mirada más inmóvil, una mezcla de miedo y curiosidad, reflejaban mis ojos; creo que él notó toda esa energía rosada que revoloteaba en el aire, así llamaba ese sentimiento, por lo que acotó tratando de cambiar el tema -“ En realidad no me hagas caso del todo ya ando viejo y sabes cuida a tu madre, ya es demasiado tarde y lo mejor sería que te vayas a tu casa, tu padre debe andar con tu tío Miguel , será mejor que lo llame y no te muevas”-Su cara ya no estaba como antes, tan tranquilo, ahora se le notaba inquieto, preocupado, tenía cierta sensación gélida, como el decía, como si la muerte lo llamara. A poco tiempo de irse vino mi padre, tan alegre como siempre, mostraba, sus dientes tan blancos y frescos que eran complemento de su alegría, en su mano traía el casco de la moto y al darme cuenta que ya no iban a haber mas historias por hoy, me apresuré en coger el mío que lo había dejado en el suelo, me despedí de Frida y le dije que otro día con mucho gusto comía mi mazamorra. Mientras tanto notaba un intercambio de palabras fugaces entre mi abuelo y mi padre, tomé su mano y le hice seña a la moto, el me la apretó y asintiendo noté que nos subimos en la moto que era enorme y yo de miedo a caerme en las pedregadas calles, así que simplemente me aferraba a mi padre lo mucho que podía y el manejaba como un rayo por una calle paralela a la calle central, y mientras la moto avanzaba yo miraba en los alrededores de la calle, algún rastro de algún ser, de una lamparilla o quizás de algún duende, pero nada ocurrió, sólo veía los robles cuan altos y frondosos y el cielo estrellado, propio de la zona, no como el futuro cielo que luego vería. En mi mente sólo estaban las historias de mi abuelo, la historia de mi madre y quizás cuanta información abría en tan pequeño pueblo ya futura ciudad y quizás cuantas bestias, así llamaba a las anormalidades que pasaba, habrían en este mundo, y no importaba cuanta tecnología, planes u proyectos del gobierno acerca de la mejoría de la zona llegaran al pueblo, este aún mantenía su cultura, su gente y como esta cambia en tan poco tiempo. Mientras mi padre avanzaba el sereno caía en mis pestañas y me gustaba verlas brillar, ya que parecían lagrimas de las noches, las cuales visitaba a mi abuelo y terminaba con un paseo en motocicleta con mi padre, y en casa mi hermano con mi madre viendo la tv mientras que Graciela, dormía plenamente y toda mi casa, incluido el pequeño pino, permanecía en una paz intensa, y me sentía protegido, por mi padre y por aquellos robles grandes que se veían desde cualquier punto del pueblo.
Los días siguientes eran cortos, tal vez así lo era para mí, y es que un niño que no jugaba y sólo la pasaba tras historias, por lo tanto, me perdía el sol, el aire fresco, aquellas visitas de los amigos, paseos por bajadas pedregosas con verde pasto al costado y que usualmente terminaban en quebradas lodosas, en la cual todos los niños se embarraban, para luego dar afán a sus madres. Definitivamente yo era un cero a la izquierda con ese mundo, creo que mi hermano encajaba perfectamente en aquel; él era delgado, veloz, usualmente molestoso, conmigo más que todo, juguetón al más del 100 por ciento y no era de dudar que sus amigos eran como este, todos igual, no perdían el tiempo; siempre había una excusa para hacer de las suyas, quizás cazar mariposas, un paseo en bicicleta a orillas del río. Por lo general los amigos de mi hermano eran de todas las clases encontrabas en el Pueblo-Ciudad, y creo que eso no tenía nada que ver conmigo; pero no necesariamente por se un creidito de alta sociedad, si no, que estaba destinado a un hado sin amigos, y claro ni siquiera los quería cerca.
-¿Por qué no sales con Richard, o Juanca, que acaso no te caen?- decía mi padre frecuentemente. Yo cerraba el diálogo; ser un niño extravagantemente raro y que sólo andaba con su padre, era lo más extraño del pueblo.
Aquella noche salimos como dos depredadores, así nos hacíamos llamar mi padre y yo, él; delgado de gran musculatura, ojos negros ó cafés, nunca los pude diferenciar, mirada fija como la serpiente y siempre con una sonrisa blanca y fresca que inspiraba confianza, su piel tenía cierta tonalidad trigueña, y de cabello corto, negro con ondas, todo un salvaje al manejar la motocicleta, llevaba el casco con él y yo el mío. – Estás listo para despegar.- susurró – ¿A dónde iremos hoy?- dije ese día y lo decía siempre. –Sólo abre los ojos- Y era obvio que no los iba a cerrar. Mi padre arrancó la moto y esta salía lentamente por las rejas negras de mi casa, digo lentamente porque mi madre se enfurecía cada vez que nos veía salir por lo que nos escabullíamos en la oscuridad. El velocímetro subió a 120 km/h, señal de que la aventura empezaba. La moto se metía por las bajadas pedregosas, era más emocionante viajar con mi padre en la KTM negra que con los niños en las bicis; - ¿Estás cómodo?- Preguntó con su sonrisa fresca indiscutible, yo solo asentí-Pues agárrate fuerte que pasamos cerca del robledal- esta vez, vi en su rostro aquella sensación de adrenalina y se le notaba esa emoción de un muchacho de 20 quizás y como no si su fenotipo así lo aparentaba.- Tengo hambre- dije mientras la moto andaba a toda velocidad por aquellas calles desiertas, el me miró y cambió de ruta.-Creo que los robles pueden esperar- dijo y su entusiasmo se perdió. No nos detuvimos nunca, pero si bajó la velocidad, en busca de algún centro de comida al paso. No encontramos nada- No te preocupes ya será en la casa, además no tenía tanta hambre- el vaciló y mi estómago me delató.- Creo que será mejor que volvamos lo mas pronto posible, y espero que cuando lleguemos me devores todo salvaje, y así tener mas fuerzas para mañana, Ok- me quedé callado, me intimidaba cuando hablaba, es que era mi padre. En el transcurso a casa no hubo palabras, ni risas, sólo era mi padre manejando con cuidado y yo sujetándome tratando de no caerme. En el camino a casa recordé como llegó la moto a casa- Mi padre andaba de viaje de negocios, asuntos del banco, al regresar, este nos dijo que traería una sorpresa para su cumpleaños, la moto la traían bien empaquetada y cuya llegada sería el cumpleaños de mi padre. Su color era negro con plateado y fácil de perderse en la noche de no ser por sus faroles potentes, me imaginaba que las luces eran quizás lamparillas para algunos indios ignorantes de la tecnología, o quizás eran luciérnagas para aquellos hombres que vivían cerca del bosque, lugar favorito para manejar, aunque aún no nos habíamos dirigido al robledal y claro si no lo estropeaba yo, era mi madre o mi abuelita Graciela quien interrumpía a mi padre y este muy caballeroso, atendía las peticiones de todos, pero cuando la adrenalina lo dominaba, acababa enfureciendo a mi madre, o si era porque exponía mi débil cuerpo de niño , ante terribles situaciones extremas o porque la moto terminaba una asco, por consecuente la casa, y mi madre limpiaba. La siguiente semana de vacaciones, mi padre me sacaba todas las noches, éramos “mentes criminales” de la noche, a veces pensaba que quizás él era un adicto a la ciencia ficción, pero no era así, el era adicto de la adrenalina y de cuanto riesgo se exponía. La primera noche me llevó por los ríos, creo que ahí fue cuando empecé a notar ciertos cambios del ambiente, las brisas estaban un poco más frías de lo normal, era verano y se suponía que todo quemaba, y mi padre decidió desacelerar la moto para no sentir tanto frío, el río estaba mas callado de lo habitual, ya que siempre se escucha algunos animales en la orilla, o las mismas corrientes que movilizaban los troncos de cuanto árbol que caía, pero esta vez el simple silencio me consumía. Mi padre lo notó y yo lo noté- Que raro, debe ser el cambio de estación- dijo de manera de responder alguna pregunta que yo estaba apunto de soltar, el avanzó y llegamos a casa temprano de lo habitual y la causante fue la brisa. Aquella noche todos los de la casase sorprendieron de nuestra temprana aparición; eran recién las 9 de la noche, ni siquiera una hora afuera. Mi padre serio y preocupado, entró a su habitación, allí estaba ella misteriosa y callada ,sentada en la cama viéndonos llegar, era mi madre quien se apresuró a abrazarlo y cogiéndolo del cuello, como una pareja de jóvenes enamorados, él dispuso a querer contarle algo, pensé que no era lo de recién, ya que no era importante. Yo me asomaba a la puerta y esta se cerró; mientras tanto mi hermano vio el reloj, no dijo palabra alguna e hizo una mueca de vacilación y sus ojos se posaron en mí, como pidiéndome respuestas o qué había pasado-¿Por qué tan temprano?- me miró con amargura. – Ah… hacía mucho frío en el río, así que papá me trajo- me miró con cara incrédula- Bueno, son las 9, toma tu leche y vete a tu cama- yo hice una mueca de protesta, el continuó- ¡Ahora!-No comprendía aquel cambio tan rotundo de emociones. Al ver que no me movía, tiró de mi brazo, nos aproximamos a la cocina, yo callaba, además era él quien dominaba.- Tú no eres papá ni mamá, suéltame- el se rió y susurrando dijo- Pero si el mayor- yo callé, la leche estaba helada y medio desabrida, igual la tomé, en ese momento tenía miedo y me parecía raro lo que hacían mis padres ya que no salían de su habitación. Apresuré en beber y mi hermano con una mirada fría señaló mi habitación, a las justas entré y el me cerró la puerta en la cara y apagó las luces.- Ya duerme – escuché que dijo, seguro se dio cuenta que lo espiaba de la ventana pequeña, que yo creía que era error de construcción. No tenía otra opción, me tiré en mi cama y boté los juguetes que había dejado encima de esta y me quedé dormido mirando el techo.
11:00 a.m, decía el reloj en forma de gato, me acababa de levantar y tenía unas gruesas lagañas, creo que antes de dormir había llorado de amargura o rabia, por lo mal que me trato mi hermano, salí con cautela y note que no había nadie; me sentía tan feliz que no estuviera mi hermano, aunque se suponía que debía de cuidarme pero no fue así, de seguro andaba con sus amigos
Mi desayuno fue leche y uvas, algo ligero, era lo que siempre comía, corrí donde mi abuelo a escuchar mas historias, su casa quedaba apenas dos cuadras de la mía y me apresuré.
Esta vez, la atmósfera no era la misma, el color se volvía cada vez mas oscuro, un morado casi negro.
-Ve a la cocina y pide a Frida que te de algo de comer- sus palabras eran frías y no me miraba, mi abuelo si que estaba raro. Me limite a pensar de cómo sabia que no había comido bien, solo asentí y me fui a la cocina.
Frida, era un ángel conmigo, en verdad con todos los nietos, pero bueno ella estaba ahí. Frida ya había escuchado la orden de mi abuelo, no decía nada, solo reía, mientras preparaba una rica compota de fruta, y su rostro me recordaba todas aquellas veces que me quedaba dormido en su brazo, desde ahí dormirme en los brazos se me volvió una costumbre. En un abrir y cerrar de ojos la rica compota de plátano estaba listo.
-Espero que te guste, ah, ten cuidado con la canela- dijo mientras se iba sonriente a realizar más quehaceres. Yo sólo asentí con la cabeza.
Me dirigí de nuevo donde mi abuelo, tenia la mirada puesta en la calle y corrí a mi lugar favorito. La atmósfera no había cambiado todo seguía morado.
-¿Que tal el paseo de ayer? Frío ¿no?- dijo fríamente. Pero como demonios sabia el que ayer el río estaba frió si el no salía de su casa por la noche. –Un poco pero mi papá hizo que regresemos lo mas rápido posible- dije mirándolo atento. –La misma reacción… nada original, como siempre tu padre, único- su voz ya no era fría, era mas calmada pero se sentía la atmósfera morada, algo iba pasar, lo tenia por seguro.- por eso lo escogió tu madre, luchó mucho y ahora todo parece volver, aunque creo que ella no lo recuerda- él seguía hablando con la misma voz y yo resistía ante todas las preguntas que tenía, pero sabía que el vaso iba a rebalsar. Una breve pausa, el vaciló y el punto cardiaco iba aproximándose; frunció el ceño y soltó lo que me esperaba-Por tu bien…-su pausa era triste-No mas historias, lo siento, será mejor que te marches, ya que… no habrán mas historias ¡niño!- esta última frase sonó con tanta rabia y yo solo me corrí en dirección opuesta a la calle, adentrándome mas en la casa, el pasillo se me hizo cada ves mas oscuro y largo, pero yo andaba en busca del regazo de Frida, debí suponer que se estaría en el patio central y cuando ella me vio, me consoló, mis ojos no aguantaban el llanto, ante aquel rechazo, que era lo único que me satisfacía , no aguanté mas y me quedé dormido, como de costumbre, en sus cálidos brazos.
aa ta xvr!!!!
ResponderEliminard veras eh!solo q m da flojera leerlo too xD
me gusta, espero que pongas pronto el próximo episodio, esta buena para leerla completa.
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